Un día en una playa perruna

A principios de verano The Huffington Post daba 5 razones científicas que demostraban que las vacaciones en la playa son “necesarias”. Afirmaba con estudios irrefutables bajo el brazo que el agua nos devuelve a nuestro estado natural, que rejuvenece la mente, que estar cerca del mar proporciona más bienestar que los espacios urbanos, que el color azul tranquiliza y, finalmente, que en la costa estamos más relajados. Cinco motivos de peso para coger la sombrilla, como si fuera nuestra bandera, y “conquistar” nuestro trocito de arena como si se tratara de la misma luna. Al diario se le olvidó señalar qué tipo de playa y cómo tenían que ser esas vacaciones para que resultaran tan relajantes, porque reconozcámoslo, no es lo mismo viajar solo o en plan “in love” aunque sea a una playa llena de pedruscos, que viajar con un bebé y ya no un perro, si no tres, aunque sea a la playa más idílica del mundo. Así que con la vuelta de nuestras vacaciones playeras reciente os contamos nuestra experiencia en una auténtica playa para perros.

Cuando tienes perro o perros, las vacaciones se complican. Aunque en los últimos años las cosas para los que amamos los animales van mejorando, en este país sigue resultando difícil encontrar alojamientos que admitan mascotas sin restricciones, y no hablemos de poder llevarlos a la playa, cuando España tiene más de 8.000 km. de costa poco más de 50 playas admiten a nuestros amigos peludos. Así que después de semanas de intensa búsqueda, como cada verano con desesperación incluida, encontramos nuestro destino en el que pasar nuestras “relajantes” vacaciones: la Costa Brava.  Nos decidimos por Vila-Sacra, un pueblito la mar de tranquilo situado a 10 km. de La Rubina, una playa kilométrica en la que la parte más próxima a las aventuras de kitesurf es playa perruna. Aunque siempre hemos viajado acompañados de nuestros perros, era la primera vez que íbamos a una playa en temporada alta totalmente “pet friendly”; todo un misterio por descubrir.

Una vez llegados a nuestro destino, tocaba prepararse para ir a la playa, que es como prepararse para Pekín Express o una aventura peor: nada sobra y todo falta, que si la tienda de campaña para la peque y los gordis, la hamaca (en la que nunca vas a conseguir sentarte), las toallas para todos, la nevera con agua, fruta, cervecitas y bocatas (hay que aprovechar al máximo semejante movilización), el kit de cubo, pala y rastrillo, el bebedero para los perros, sus pelotitas, las correas, las bolsas para las cacas, las protecciones solares… En fin, ¿en algún momento leímos relajantes? Pasaron a la historia esos veranos cuando creías que con el bikini, el pareo y el sudoku del verano ya lo tenías todo contigo. Menos mal que en nuestros bolsos Xidere cabe de todo y más.

¡Primera parte de la misión cumplida! Ya estamos con los pies hundidos en la arena, oyendo los primeros ladridos. Decidimos soltar a los perros mientras nos instalábamos en nuestros 3m2 de arena con vistas al mar, creyendo que “estar en la costa relaja” (¿os acordáis?). ¡Error! Nuestros pequeños aventureros se dispararon en direcciones opuestas: Piti, nuestro invitado de excepción, a las olas; Dexter a por la pelota de un partido de palas; Xira a la bolsa de patatas de nuestros vecinos de toalla y la peque a un castillo de arena de dos plantas recién “edificado” y… derruido. ¡Esto son vacaciones!

Pero lo mejor está por llegar. Sacas una pelota para jugar con tus perros, da igual tipo, tamaño o color. Basta con que la lances hacia un lado de la orilla, para que aparezcan de la nada diez perros diferentes o más, que ni siquiera habías visto en la primera mirada panorámica. Y no se te pase por la mente no seguir tirando la pelota después de que a la quinta vez, el mismo perrigalgo te la traiga de nuevo sin ningún esfuerzo mientras ves que tus perros están a punto del infarto, porque te seguirán hasta tu toalla sin dejar de ladrar para que no dejes de lanzar la p… pelotita.  ¡Y por dios, no hay que ser crueles! ¿A quién se le ocurre jugar a las palas en una playa “pet friendly”?

Está claro que ir un día entero a la playa con perros es como hacerte una sesión de body pump, pilates, acuagym, spinningpowerplate, todas seguidas. ¡Y es que el “perruning” te ahorra una semana de gimnasio!

Y de tener una toalla sin estar enterrada en la arena… ni hablamos. ¿Quién dijo que la playa es relajante? ¡Maldito Huffington Post!

Pero merece la pena, vaya que sí. Todo se compensa cuando ves que tus perros disfrutan, que no paran de jugar, de saltar, de correr sin rumbo de pura felicidad, que hasta se atreven a desafiar las olas,  que hacen amigos insospechados, mientras tú les miras y piensas que así se les olvida todas las veces que les dejas solos para irte a trabajar… Merece la pena cuando gracias a tus perros conoces gente con historias preciosas de los suyos, cuando ves cómo los niños disfrutan enseñando a nadar a sus hermanos peludos y se cuidan y protegen, así debería ser siempre. Te emocionas cuando ves a gente mayor, con sus perros más mayores todavía, haciendo el esfuerzo de andar por la orilla, siempre juntos, o cuando ves a perros enfermos y sin alguna de sus patitas, disfrutando del mar gracias a los brazos de sus dueños. Ves que no sólo tú te atreves con tres, que hay verdaderos aventureros que llegan a la playa con hasta 5 perros enormes, y también cometen tu misma locura, soltarlos y verlos disfrutar. Sonríes cuando ves sus travesuras, las carreras que nos hacen dar, cuando ves que a pesar de su terror al agua se lanzan sin pensar cuando ven a sus dueños adentrarse en el mar… disfrutas del buen ambiente de perros y dueños y te enorgulleces de disfrutar de una playa limpísima y cuidada indispensable para poder seguir teniéndola y por eso no te sorprendes cuando ves a gente que sin tener perro, decide ir a esa misma playa. Y también te relajas, claro que sí… tienes tu momento cuando agotados de tantas emociones se quedan dormidos al sol y tú aprovechas por fin para sentarte en tu deseada hamaca y les miras y te sientes feliz de poder hacerlo. En el fondo sabes que a todos los perros que ves a tu alrededor les da igual la playa, lo que quieren es disfrutarla contigo.

Sí, definitivamente una playa perruna es una locura, pero es una bonita locura maravillosa a la que estamos deseando volver.

 

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